|
Palabras
de Gustavo Tambascio, director de escena
El
libreto de Don Quijote
El discurso
dramático del “Don Chisciote”, a diferencia de las
múltiples versiones de músicos europeos de los siglos
XVII y XVIII del clásico cervantino (véase por ejemplo,
Purcell) sigue con toda fidelidad la anécdota que da vida a una
sucesión de capítulos de la novela, comprendidos grosso
modo entre el XXI y el XXVIII. Esta circunstancia no debe extrañarnos
por cuanto Manuel García, español culto y ampliamente
letrado, habrá tenido un exhaustivo conocimiento de la obra cervantina.
Aunque no ha llegado hasta nuestros días el nombre del autor
del libreto, hay dos posibilidades ciertas: o ha estado profundamente
influenciado por el españolismo de García, o ha sido el
propio García. La trama de nuestra ópera - dividida en
dos actos al modo rossiniano – incluye alguno de los episodios
más populares en las andanzas del ingenioso hidalgo.
La acción comienza en la famosa venta a la cual llegan a buscar
hospedaje Sancho Panza y su amo y que éste último confunde
con un castillo. En ella serán recibidos por el amable ventero
y su esposa, mucho menos amable. También han acudido los dos
hombres del pueblo de Alonso Quijano en procura de la salvación
espiritual y mental de nuestro caballero: el cura y el bachiller Sansón
Carrasco. A ellos se agregará el célebre barbero cuya
bacía de afeitar será confundida por Don Quijote con el
yelmo de oro de Mambrino, que hace invencible a quien lo posea. El núcleo
central de la trama amorosa es la famosa intriga de Dorotea, Fernando,
Luscinda y Cardenio: Dorotea, encontrada con ropas de zagal, cuenta
su triste historia. Don Fernando le ha llevado la doncellez, abandonándola
luego por el amor de una tal Luscinda. Pero esta última a su
vez le rechaza por amor a Cardenio, quien había sido el antiguo
amante de Dorotea.
Este entuerto amatorio resultará a ojos del cura, aquí
convertido en el bachiller Ferulino, el entuerto ideal para que Don
Quijote lo “desfaga”. Así los dos amantes despechados,
Cardenio y Dorotea se presentan ante el hidalgo como víctimas
del maleficio de un ogro. Don Quijote entablará feroz y desigual
batalla contra los pellejos de vino de la bodega de la venta creyendo
ver sangre de infieles donde sólo corre tinto manchego. La aparición
fortuita de Luscinda velada en compañía de Fernando y
otros enmascarados, permitirá que por oficios del cura todos
se reconcilien y vuelvan con sus parejas originales.
Gustavo Tambascio
|