Briones, Joaquina [María Joaquina Sitches]. Madrid, 26-VII-1780; Saint-Josse-ten-Roode (Bélgica), 10-V-1864.

Cantante y actriz. Hija de Martín Sitches (natural de Valls, Tarragona) y Lorenza Irisarri (natural de Santa Clara), utilizó el apellido Briones en el teatro, como su hermana Francisca. Actuó en los teatros de Madrid a finales del s. XVIII y principios del s. XIX, desempeñando papeles cómicos secundarios para los cuales parece haber tenido un talento considerable. El escritor José Joaquín Mora la recordó años después como “la inimitable Briones” (No me olvides, 1825). En 1799 actuó en la compañía de Luis Navarro y Gregorio Bermúdez en los Reales Sitios. A partir de 1800 interpretó los papeles jocosos en el Teatro del Príncipe; cantó el papel de Madame Belmont en El preso (música de Della María), que estrenó el 1 de octubre de 1800, y más adelante se publicó en la colección Teatro Nuevo Español.
En 1802, con la reorganización de los teatros de Madrid, Briones se trasladó al Teatro de Los Caños del Peral, donde cantó con Manuel García como primer tenor. Desde entonces cantaron juntos en un repertorio que abarcaba más de 25 óperas y operetas. En el histórico estreno matritense de Le nozze di Figaro (20-V-1802), Briones cantó el papel de la Condesa mientras que García interpretó el papel del Conde. Más adelante actuó en los estrenos de la mayoría de las operetas que compuso García para los Caños del Peral. Notable era el papel cómico de Clemencia en la popularísima Quien porfía mucho alcanza (12-XI-1802). En 1803 ya habían surgido problemas en el matrimonio de García con la actriz Manuela Morales (casados en Cádiz el 8-V-1797), como se advierte en un memorial enviado por Joseph Eustaquio Moreno al marqués de Fuerte-Hijar [Papeles Barbieri, 14056-4 (3)]. Briones lo acompañó cuando éste se marchó de Madrid en abril de 1807 y lo siguió en sus viajes sucesivos a París, Nápoles, Roma, Londres, Estados Unidos y México. Aunque Briones permaneció siempre a la sombra de su marido, siguió cantando en los teatros. Hizo su debut en París con La molinara de Paisiello (Théâtre des Italiens, 4-VII-1810) y fue bien recibida por los críticos. Más tarde tuvo éxito en el papel de Lemède en Il califfo di Bagdad, obra de García, que ella cantó (con García e Isabel Colbrán) en el estreno mundial en Nápoles (30-IX-1813). De regreso a París en 1816, hizo su rentrée en el papel de Ghita en Della donna di genio volubile de Portugallo (18-XI-1816); después recreó el papel de Lemède en el estreno parisino de Il califfo di Bagdad (22-V-1817). La crítica publicada en Le Moniteur Universel le previno contra una actuación demasiado efusiva: “La señora García, que representaba el personaje de Madre, debería frecuentar la Comédie-Française para saber que no es con multitud de gesticulaciones y la continuidad fastidiosa de movimientos sin razón como se expresa la sorpresa, el temor, ni tampoco la impaciencia de buen tono”.
Entre 1825 y 1828 Briones colaboró activamente en las representaciones dadas por la compañía de su marido en Nueva York y México, donde cantó papeles secundarios en Il barbiere di Siviglia, Otello, Semiramide y Cenerentola de Rossini, L’amante astuto del mismo García e incluso el papel principal de Donna Elvira en Don Giovanni de Mozart. Cuando enviudó en 1832 se dedicó a promover la carrera artística de sus hijos. Su preocupación maternal y, a la vez, profesional, queda reflejada en la correspondencia que se ha conservado. Después de la muerte repentina de la Malibrán, vivió con su hija Pauline y entró en el círculo de sus amigos, entre los que se contaban George Sand, Frédéric Chopin y Franz Liszt. Viajó con Pauline en sus giras, cuidando de los hijos de Pauline y de su propia sobrina Antonia, hija de su hermano Paolo Sitches, que también llegó a ser un cantante de renombre. Se trasladó definitivamente a Bruselas en 1862. Fue enterrada en Laekren, en el mismo sepulcro de su hija María. Briones fue considerada con afecto por sus hijos y nietos. La hija de Pauline la recordó como una persona “alegre y divertida” con “muy buen humor español”. George Sand, a quien conocía bien y con quien iba frecuentemente a la ópera, siempre la llamó “la mamita”, y en una carta enviada a Pauline después de su muerte menciona que era “tan amable, tan vivaz y tan extraordinaria, que su recuerdo siempre me resulta caro”. La importancia de Briones dentro de la famosa familia García no debe ser menospreciada. Fue un contrapeso de tranquilidad para el talante colérico de García, y su propia habilidad como maestra de canto debió de haber sido considerable.